LA TRIBUNA DEL LECTOR Proyecto país desde el Océano (1)
POR JORGE SHARP FAJARDO, EXALCALDE DE VALPARAÍSO
En tiempos inciertos como los que corren en Chile y el mundo, recuperar la esperanza de un futuro mejor resulta un ejercicio urgente.
El derecho a soñar en un proyecto de transformación democrática, social y humanista requiere volver a ponerse en marcha, porque hay mucho en juego.
El mundo está atravesado por guerras de todo tipo. Nunca antes en la historia pocas manos habían concentrado tanta riqueza y poder provocando miseria, pobreza y desigualdad en millones de personas. Los efectos del calentamiento global se dejan sentir en todas las latitudes y no parecen detenerse. El auge de la extrema derecha amenaza con destruir la convivencia social y los fundamentos de la democracia.
El país está cansado. Cansado de no resolver una permanente contradicción, porque pese a tener con una rica cultura e historia, ser bendecido por un territorio lleno de riquezas y contar con un pueblo trabajador, esforzado y solidario, su clase dirigente ha carecido de la imaginación y audacia para hallar un horizonte de desarrollo y bienestar para la toda la nación.
Ante este cuadro, debemos reivindicar una visión audaz y transformadora para Chile que permita redefinir nuestra posición en el mundo y así tener una voz ante los desafíos planetarios contingentes y que nos permita redescubrir las potencialidades de nuestro país dados por su geografía y recursos privilegiados. Todo esto para posibilitar un nuevo modelo económico y social que brinde una mejor vida a las actuales y futuras generaciones, a partir de una mirada humana y sostenible sobre el desarrollo.
Nuestra mirada debe dirigirse al océano, esa inmensidad azul que tranquila nos baña.
¿Por qué el océano?
El océano es el sostén de la humanidad y gran reserva de las más variadas formas de vida. Posee un valor ecosistémico aún inexplorado, tanto así que sólo se conoce un tercio de las especies que lo habitan.
En su suelo y subsuelo marino existen abundantes e innumerables recursos naturales aún inexplotados. Plata, oro, cobre, manganeso, cobalto, zinc y otros materiales se encuentran en mayor abundancia y concentración que en las minas terrestres.
Los océanos son los verdaderos pulmones del planeta porque producen la mitad del oxígeno de la atmósfera. Además, controlan el clima global, puesto que dominan los sistemas de energía, agua y carbono de la Tierra.
Son soporte vital, ya que contienen el 97% del agua que existe en el planeta, generan cuantiosos alimentos del que depende la dieta de más de 3.500 millones de personas y son una fuente de energía única que podría electrificar ciudades enteras.
Los océanos son también un motor para el desarrollo económico de los países, porque aproximadamente el 60% del PIB global proviene de actividades económicas vinculadas a los océanos y por éstos se desplaza el 90% del comercio de mercancías.
La gran mayoría de los países del mundo cuenta con acceso a los océanos. El 38% de la población mundial vive a menos de 100 km de la costa, el 50% a menos de 200 km y el 67% a menos de 400 km.
Es imposible no exagerar su importancia. La humanidad obtiene de ellos aspectos esenciales para su propia existencia y las sociedades pueden alcanzar mayores niveles de desarrollo a partir de las oportunidades que brindan los océanos.
Chile, al bañar sus costas en el océano Pacífico, la porción de agua más grande del planeta, tiene de forma natural una posición única y privilegiada. No somos sólo una larga y angosta faja de tierra, sino también un ancho y profundo territorio marítimo. No lo olvidemos.
Nuestro país y ¿América Latina? podrían ser una potencia oceánica orientada a la protección de los ecosistemas y la biodiversidad que son los fundamentos de la vida, redibujando su lugar en el mundo para enfrentar y superar las crisis actuales y prevenir las futuras.
No sólo eso. Se abriría la posibilidad de poner en marcha un nuevo proyecto de país, en cuya base se encuentre una nueva y profunda relación con el océano, para abrir un futuro más solidario, más próspero, con mayor bienestar para todas y todos.
La historia demuestra que son las naciones que dan el paso de una existencia terrestre a una existencia marítima las que producen verdaderos cambios de época. Mirado así, las posibilidades de un futuro oceánico son tan grandes como nuestra propia imaginación.